miércoles, 12 de agosto de 2020

¿Cuál es mi elección, la paz o la violencia?


¿CUÁL ES MI ELECCIÓN, 

LA PAZ O LA VIOLENCIA?

 

Hugo Betancur

 

"Ningún hombre es tan tonto como para desear la guerra y no la paz; pues en la paz los hijos llevan a sus padres a la tumba, en la guerra son los padres quienes llevan a los hijos a la tumba".

              Herodoto (484-420 a. de J.C.)

 

     La paz es fuerte: permite que la vida se exprese sin riesgo de ser destruida o dañada; permite que los seres humanos estemos protegidos y seguros.  

La paz es útil: nos permite la convivencia, la solidaridad y la comunicación con objetivos de bienestar.

La paz es positiva: nos permite aplicar toda nuestra energía y nuestras capacidades en relaciones de amistad y cooperación con quienes nos rodean y con pueblos de culturas y rasgos diferentes.

     La paz es sabia: nos permite vivir en libertad y establecer nexos de tolerancia, comprensión y armonía.

     La paz es poderosa: permite que la sociedad humana sane sus heridas respecto a las situaciones conflictivas del pasado y establezca una nueva cultura basada en la igualdad de condiciones y oportunidades.

     La paz es creativa: nos permite transformar los recursos de la naturaleza en valiosos elementos que propician el progreso para todos los seres humanos.

     Todos podemos construir la paz.  Empezamos estableciendo relaciones de respeto y trato solidario con los miembros de nuestras familias, luego con nuestros vecinos, después con los compañeros de estudio y de trabajo.  Iniciamos cerca y llegamos lejos.  En algún momento, estas relaciones alcanzarán a quienes hayan sentido la violencia como una forma de pensamiento o de acción. Es ahí cuando podemos establecer relaciones de cambio y transformación, donde los sentimientos y el ejemplo se unen y la paz que damos es recibida como un regalo esperado.

Al paso del tiempo, tendemos a recordar sin alegría aquellas situaciones de la vida en que participamos y que representaron cualquier forma de relación violenta o conflictiva.

De alguna manera, establecemos un puente con el pasado y somos conscientes de los choques  experimentados –las reacciones agresivas, la confusión, la dureza con que fuimos tratados o tratamos a otros-.

¿Cómo nos sentimos en aquellos momentos?  ¿Cómo nos sentimos ahora respecto a aquellas situaciones? Si tendemos a justificar la violencia que causamos y a condenar la violencia de los demás contra nosotros, representamos un estado de dualidad, lo que indica que no hemos alcanzado una comprensión del estado de la mente que genera la violencia.

Tenemos que vivir en relación.  Todos los propósitos de la vida están basados en las relaciones -hasta la soledad de los ermitaños ha sido precipitada como respuesta a relaciones tirantes o antagónicas con la sociedad-.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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domingo, 10 de agosto de 2014

La paz que podemos alcanzar




                                                                Espacio por llenar
                                                                                                                                                        Foto por Hugo Betancur

EL  ESTADO  DE  PAZ

 

Hugo  Betancur


Posiblemente pensemos en la paz como un estado de sosiego y armonía, de ausencia de conflictos, de ausencia de violencia.

En los períodos de armonía, la vida se nos presenta como una coreografía o una danza en que los participantes realizan sus movimientos sincronizadamente, integrados en las acciones y los propósitos.

Todo conflicto implica pugna, agitación, agresividad, reactividad, disociación.

Según las culturas y colectividades humanas diversas, los motivos de retaliación y castigo contra los oponentes siguen presentes por los antecedentes de violencia, vandalismo y homicidio que cada grupo sufrió en el pasado, cercano o remoto. Cada comunidad humana ha sido afectada en su historia y los eventos padecidos retornan regularmente como recuerdos ingratos y onerosos que deben ser enmendados aplicando a los culpables o a sus sucesores un castigo de proporciones iguales o mayores a las vivencias experimentadas por quienes se consideran sus víctimas.

A veces no aparece como tangible una causa previa de vejación o daño asestado que sirva como motivo para atacar a otros. A cambio, quienes ejercen acciones violentas tienen convicciones y tradiciones que les llevan a creerse superiores y a oprimir sistemáticamente  a quienes consideran sus inferiores, con una motivación segregacionista y avasalladora.

Es posible que como característica humana común  tengamos arraigada la creencia en que la venganza y el castigo deban ser ejecutados rotundamente como actos de reparación y de ajuste.

Tal vez por esa razón, todo lo sucedido sigue vigente para la posteridad, condicionando relaciones y comportamientos y manteniendo una disgregación revanchista.

La paz no es posible mientras persistan los sentimientos de odio, de aversión y de auto victimización que expresamos como sujetos particulares o como colectividades.

El estado de paz es una decisión activa de excluirnos del campo de batalla y de las contiendas.

Todo ser humano violento se da demasiada importancia a sí mismo o le da demasiada importancia y prominencia a las creencias  que esgrime o a los mandatos, tradiciones y creencias que prevalecen en los grupos a los que ha adherido. Desde esa mentalidad disociadora, se planta ante los demás como un luchador fanático y feroz que participa de la vida como un combatiente empeñado en vencer a sus adversarios. Arremete contra  otros, especialmente cuando los ve vulnerables, cuando juzga que no corre riesgos, cuando presume que podrá obtener ganancias doblegándolos.

Quienes ejercen la violencia desde posiciones de mando institucionales o grupos armados, tienen justificaciones, intereses, proyecciones mentales de ataque y defensa; se ven a sí mismos como muy poderosos, y a veces como invulnerables, lo que los hace sentirse invencibles y predestinados.

Sin darse cuenta, o ignorándolo a propósito, aplican estrategias y hábitos propios de los personajes egoístas marginados y prepotentes empeñados en despojar y subyugar para dominar por medio de la fuerza bruta y los instrumentos de intimidación.

Los programas del ego son maquinaciones desintegradoras y destructivas que no le permiten a quien las practica vivir en paz y que van dirigidas contra la paz de los demás.

La realización de la paz nos lleva a un estado de serenidad y de indefensión en que damos primacía al respeto a los demás seres vivos y al entorno natural, nos tornamos comprensivos y compasivos, abandonamos los juicios  que nos obligaban a actuar como antagonistas.

El estado de paz es un estado de no-violencia que podemos alcanzar liberándonos del ego que nos tiraniza cuando seguimos sus mandatos de tiranizar contra otros y convertirlos en objetivos de placer, de aprovisionamiento, de sumisión. También alcanzamos nuestra paz cuando nos ponemos en paz con el pasado: perdonamos todo lo que para nuestras mentes fue doloroso, hiriente, amargo, ofensivo,  destructivo, y que consideramos fue causado por otros  -en ese guión  nos rotulamos como víctimas y los culpamos a ellos como adversarios, y nos empecinamos en cobrar esa deuda de dolor, malestar e injusticia cargando y reviviendo a través del tiempo todas las circunstancias acaecidas.

El perdón realizado es una reconciliación: dejamos a los muertos en sus tumbas y permitimos que nuestras historias particulares se disuelvan en ese espacio vital en que sucedieron. Contemplamos entonces el presente como actores y espectadores atentos y participantes, no distraídos ni estancados en relaciones y eventos  ya caducados.

La paz es una decisión de bienestar y de calma en que asumimos una actitud benigna y acogedora con los demás y con nosotros mismos; en ese estado cesan los conflictos y las contiendas y vemos el mundo como un escenario amable, hospitalario, gratificante. Y es posible que nuestros semejantes nos correspondan con una disposición solidaria congruente con las acciones  y cambios reparadores que hayamos alcanzado.

 

Hugo Betancur (Colombia)


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lunes, 4 de noviembre de 2013

Voces contra culturas y grupos humanos violentos




 
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VOCES CONTRA CULTURAS

Y GRUPOS HUMANOS VIOLENTOS
 
Wafa Sultan (en árabe وفاء سلطان, nacida en 1958 en Baniyas, Siria) es una conocida autora y crítica del Islam. Sultan se formó como psiquiatra en Siria y actualmente posee la ciudadanía estadounidense.

Sultan nació en el seno de una familia musulmana sunita en Baniyas, Siria.  Actualmente reside en Los Ángeles, California. Emigró a los Estados Unidos en 1989 y ahora es una ciudadana naturalizada. Sultan se hizo conocida desde el 11 de septiembre de 2001 por su participación en los debates políticos sobre Oriente Medio, con ensayos ampliamente distribuidos y algunas apariciones en la televisión Al Jazeera y CNN.

El 21 de febrero de 2006 formó parte en un debate del programa “La dirección opuesta” emitido por Al Jazeera. Habló desde Los Ángeles, en un duro enfrentamiento verbal con el conductor del programa, Faisal al-Qassem, y con Ibrahim Al-Khouli sobre la teoría del choque de civilizaciones de Samuel P. Huntington. Los seis minutos de vídeo fueron subtitulados y ampliamente distribuidos por MEMRI y por medio de correo electrónico, El The New York Times estima que el vídeo se ha visto al menos un millón de veces. En este vídeo criticó el tratamiento de los musulmanes hacia los no-musulmanes, y por no reconocer los logros de los judíos y otros miembros de las sociedades no musulmanas en el aprovechamiento y uso de sus riquezas y la tecnología.

Sultan actualmente está trabajando en un libro llamado “El prisionero escapado, cuando el dios es un monstruo”.

Analista política

Sultan describe en su tesis que "el Islam pierde en una batalla entre la modernidad y la barbarie". Ha recibido amenazas telefónicas,  pero también elogios de los reformistas. Entre sus comentarios, señaló que "ningún judío se explotó a sí mismo en un restaurante alemán".

Sultan considera que "El problema con el Islam está profundamente arraigado en sus enseñanzas. El Islam no es sólo una religión. Islam es también una ideología política que predica la violencia y su programa se aplica por la fuerza." En un debate con Ahmad bin Muhammad, dijo: "Sé que estas enseñanzas distorsionadas son terroristas y matarán a la humanidad".

Sultan declaró que se sintió conmocionada por el secularismo da las atrocidades cometidas en 1979 por extremistas islámicos de la Hermandad Musulmana contra personas inocentes en Siria, incluyendo el asesinato con ametralladora de su profesor, Yusef al Yusef, un oftalmólogo de fama internacional, en su aula ante sus ojos en la Universidad de Alepo, donde estudiaba medicina. "Dispararon cientos de balas sobre él, gritando, 'Alá es grande! En ese momento, perdí mi confianza en su dios y empecé a cuestionar todas nuestras enseñanzas. Fue el punto de inflexión de mi vida, y me ha llevado a este presente. Tuve que parar. Tuve que buscar otro dios."

En 2006 Wafa Sultan fue nominada en Time Magazine en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo "cuyo poder, talento o ejemplo moral está transformando el mundo."  "Time" dijo que "la influencia de las corrientes de su voluntad de expresar abiertamente opiniones críticas sobre el extremismo islámico que son ampliamente compartidos, pero rara vez dadas a conocer por otros musulmanes."

Sultan sostiene en un conocido "hadiz" que repite como muestra espeluznante de la crueldad de los musulmanes contra la mujer:
"El paraíso de la mujer musulmana se encuentra bajo el pie de su esposo".


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