domingo, 10 de agosto de 2014

La paz que podemos alcanzar



                                                                Espacio por llenar.    Foto por Hugo Betancur
EL  ESTADO  DE  PAZ
Por  Hugo  Betancur

Posiblemente pensemos en la paz como un estado de sosiego y armonía, de ausencia de conflictos, de ausencia de violencia.
En los períodos de armonía, la vida se nos presenta como una coreografía o una danza en que los participantes realizan sus movimientos sincronizadamente, integrados en las acciones y los propósitos.
Todo conflicto implica pugna, agitación, agresividad, reactividad, disociación.
Según las culturas y colectividades humanas diversas, los motivos de retaliación y castigo contra los oponentes siguen presentes por los antecedentes de violencia, vandalismo y homicidio que cada grupo sufrió en el pasado, cercano o remoto. Cada comunidad humana ha sido afectada en su historia y los eventos padecidos retornan regularmente como recuerdos ingratos y onerosos que deben ser enmendados aplicando a los culpables o a sus sucesores un castigo de proporciones iguales o mayores a las vivencias experimentadas por quienes se consideran sus víctimas.
A veces no aparece como tangible una causa previa de vejación o daño asestado que sirva como motivo para atacar a otros. A cambio, quienes ejercen acciones violentas tienen convicciones y tradiciones que les llevan a creerse superiores y a oprimir sistemáticamente  a quienes consideran sus inferiores, con una motivación segregacionista y avasalladora.
Es posible que como característica humana común  tengamos arraigada la creencia en que la venganza y el castigo deban ser ejecutados rotundamente como actos de reparación y de ajuste.
Tal vez por esa razón, todo lo sucedido sigue vigente para la posteridad, condicionando relaciones y comportamientos y manteniendo una disgregación revanchista.
La paz no es posible mientras persistan los sentimientos de odio, de aversión y de auto victimización que expresamos como sujetos particulares o como colectividades.
El estado de paz es una decisión activa de excluirnos del campo de batalla y de las contiendas.
Todo ser humano violento se da demasiada importancia a sí mismo o le da demasiada importancia y prominencia a las creencias  que esgrime o a los mandatos, tradiciones y creencias que prevalecen en los grupos a los que ha adherido. Desde esa mentalidad disociadora, se planta ante los demás como un luchador fanático y feroz que participa de la vida como un combatiente empeñado en vencer a sus adversarios. Arremete contra  otros, especialmente cuando los ve vulnerables, cuando juzga que no corre riesgos, cuando presume que podrá obtener ganancias doblegándolos.
Quienes ejercen la violencia desde posiciones de mando institucionales o grupos armados, tienen justificaciones, intereses, proyecciones mentales de ataque y defensa; se ven a sí mismos como muy poderosos, y a veces como invulnerables, lo que los hace sentirse invencibles y predestinados.
Sin darse cuenta, o ignorándolo a propósito, aplican estrategias y hábitos propios de los personajes egoístas marginados y prepotentes empeñados en despojar y subyugar para dominar por medio de la fuerza bruta y los instrumentos de intimidación.
Los programas del ego son maquinaciones desintegradoras y destructivas que no le permiten a quien las practica vivir en paz y que van dirigidas contra la paz de los demás.
La realización de la paz nos lleva a un estado de serenidad y de indefensión en que damos primacía al respeto a los demás seres vivos y al entorno natural, nos tornamos comprensivos y compasivos, abandonamos los juicios  que nos obligaban a actuar como antagonistas.
El estado de paz es un estado de no-violencia que podemos alcanzar liberándonos del ego que nos tiraniza cuando seguimos sus mandatos de tiranizar contra otros y convertirlos en objetivos de placer, de aprovisionamiento, de sumisión. También alcanzamos nuestra paz cuando nos ponemos en paz con el pasado: perdonamos todo lo que para nuestras mentes fue doloroso, hiriente, amargo, ofensivo,  destructivo, y que consideramos fue causado por otros  -en ese guión  nos rotulamos como víctimas y los culpamos a ellos como adversarios, y nos empecinamos en cobrar esa deuda de dolor, malestar e injusticia cargando y reviviendo a través del tiempo todas las circunstancias acaecidas.
El perdón realizado es una reconciliación: dejamos a los muertos en sus tumbas y permitimos que nuestras historias particulares se disuelvan en ese espacio vital en que sucedieron. Contemplamos entonces el presente como actores y espectadores atentos y participantes, no distraídos ni estancados en relaciones y eventos  ya caducados.
La paz es una decisión de bienestar y de calma en que asumimos una actitud benigna y acogedora con los demás y con nosotros mismos; en ese estado cesan los conflictos y las contiendas y vemos el mundo como un escenario amable, hospitalario, gratificante. Y es posible que nuestros semejantes nos correspondan con una disposición solidaria congruente con las acciones  y cambios reparadores que hayamos alcanzado.
Hugo Betancur (Colombia)

lunes, 4 de noviembre de 2013

Voces contra culturas y grupos humanos violentos




 
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VOCES CONTRA CULTURAS

Y GRUPOS HUMANOS VIOLENTOS
 
Wafa Sultan (en árabe وفاء سلطان, nacida en 1958 en Baniyas, Siria) es una conocida autora y crítica del Islam. Sultan se formó como psiquiatra en Siria y actualmente posee la ciudadanía estadounidense.

Sultan nació en el seno de una familia musulmana sunita en Baniyas, Siria.  Actualmente reside en Los Ángeles, California. Emigró a los Estados Unidos en 1989 y ahora es una ciudadana naturalizada. Sultan se hizo conocida desde el 11 de septiembre de 2001 por su participación en los debates políticos sobre Oriente Medio, con ensayos ampliamente distribuidos y algunas apariciones en la televisión Al Jazeera y CNN.

El 21 de febrero de 2006 formó parte en un debate del programa “La dirección opuesta” emitido por Al Jazeera. Habló desde Los Ángeles, en un duro enfrentamiento verbal con el conductor del programa, Faisal al-Qassem, y con Ibrahim Al-Khouli sobre la teoría del choque de civilizaciones de Samuel P. Huntington. Los seis minutos de vídeo fueron subtitulados y ampliamente distribuidos por MEMRI y por medio de correo electrónico, El The New York Times estima que el vídeo se ha visto al menos un millón de veces. En este vídeo criticó el tratamiento de los musulmanes hacia los no-musulmanes, y por no reconocer los logros de los judíos y otros miembros de las sociedades no musulmanas en el aprovechamiento y uso de sus riquezas y la tecnología.

Sultan actualmente está trabajando en un libro llamado “El prisionero escapado, cuando el dios es un monstruo”.

Analista política

Sultan describe en su tesis que "el Islam pierde en una batalla entre la modernidad y la barbarie". Ha recibido amenazas telefónicas,  pero también elogios de los reformistas. Entre sus comentarios, señaló que "ningún judío se explotó a sí mismo en un restaurante alemán".

Sultan considera que "El problema con el Islam está profundamente arraigado en sus enseñanzas. El Islam no es sólo una religión. Islam es también una ideología política que predica la violencia y su programa se aplica por la fuerza." En un debate con Ahmad bin Muhammad, dijo: "Sé que estas enseñanzas distorsionadas son terroristas y matarán a la humanidad".

Sultan declaró que se sintió conmocionada por el secularismo da las atrocidades cometidas en 1979 por extremistas islámicos de la Hermandad Musulmana contra personas inocentes en Siria, incluyendo el asesinato con ametralladora de su profesor, Yusef al Yusef, un oftalmólogo de fama internacional, en su aula ante sus ojos en la Universidad de Alepo, donde estudiaba medicina. "Dispararon cientos de balas sobre él, gritando, 'Alá es grande! En ese momento, perdí mi confianza en su dios y empecé a cuestionar todas nuestras enseñanzas. Fue el punto de inflexión de mi vida, y me ha llevado a este presente. Tuve que parar. Tuve que buscar otro dios."

En 2006 Wafa Sultan fue nominada en Time Magazine en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo "cuyo poder, talento o ejemplo moral está transformando el mundo."  "Time" dijo que "la influencia de las corrientes de su voluntad de expresar abiertamente opiniones críticas sobre el extremismo islámico que son ampliamente compartidos, pero rara vez dadas a conocer por otros musulmanes."

Sultan sostiene en un conocido "hadiz" que repite como muestra espeluznante de la crueldad de los musulmanes contra la mujer:
"El paraíso de la mujer musulmana se encuentra bajo el pie de su esposo".


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domingo, 14 de julio de 2013

Idiotas encumbrados, destructivos, famosos.





 Foto por Hugo Betancur
IDIOTAS ENCUMBRADOS, DESTRUCTIVOS, FAMOSOS.

Por Hugo Betancur

Asumimos posiciones frente a la vida a medida que pasa el tiempo de nuestras fugaces existencias humanas.

Interactuamos con los demás en relaciones funcionales, según las condiciones que hemos elegido cuando tenemos libertad para hacerlo, o según las condiciones que nos han sido programadas e impuestas cuando estamos subordinados a lo que otros deciden que hagamos.

Representamos los papeles correspondientes a nuestras personalidades en evolución.

En algunos momentos de este drama mundano, parecemos autónomos y dominantes; en otros momentos actuamos como dependientes y súbditos de las determinaciones de otros.

En estos escenarios de la Tierra, algunos personajes han transgredido el equilibrio en las relaciones y se han dado a la tarea conflictiva y escabrosa de someter a los demás y de imponerse sobre sus vidas.

Han presumido que ellos debían ser servidos y acatados y han maquinado desde sus posiciones de poder para trazar acciones destructivas y tácticas de control contra sus contemporáneos.

Estos personajes tuvieron un rasgo común: desempeñaron roles de idiotas. La palabra idiota es un adjetivo que proviene del griego ἰδιώτης, idiōtēs, de ἴδιος, idios -significaba “lo privado, lo particular, lo personal”-. Con la misma raíz ἴδιος encontramos otros sustantivos como “idiosincrasia”1 y también “idioma”2.

En latín, la palabra idiota (una persona normal y corriente) precedió al término del latín tardío que significa «persona sin educación» o «ignorante». Según la acepción antigua, idiota era quien se preocupaba solo de sí mismo, de sus intereses privados y particulares, desdeñando o no dándose cuenta sobre cómo afectaban sus acciones su entorno social y qué consecuencias le acarrearían sus comportamientos –qué retribución tendría que experimentar por sus actos.

Estos idiotas fungieron como actores encumbrados con la disposición y los recursos apropiados para ejercer intimidación, violencia, y destrucción contra individuos o colectividades. Se desempeñaron como conductores de ejércitos o de hordas conquistadoras, o como emperadores o reyes, o como villanos o dictadores, o como líderes de gobiernos e instituciones, o como criminales aislados. La mayoría de estos sujetos oscuros fueron aniquilados después como retaliación por sus actos disociadores y crueles -otros realizaron actos suicidas, un modo tan trágico como sus desaforadas biografías, para abandonar los escenarios; otros fueron consumidos por graves enfermedades derivadas de sus insanos hábitos mentales.

Probablemente estos personajes representaron sus roles tempranos como niños caprichosos y demandantes empeñados en obtener la obediencia de sus padres y allegados con sus rabietas, sus llantos ruidosos y su hostilidad condicionadora –tiranos precoces manipulando las emociones y sentimientos de sus progenitores para su exclusivo provecho y placer-. Posiblemente refinaron ese infantil ejercicio de la maquinación hasta llegar a ser adultos ególatras y fanáticos que veían a los demás como sus sirvientes o como lacayos utilizables y dóciles.

Desde la antigüedad, ejercieron sus tácticas de terror contra seres humanos en situación de indefensión,  desventaja o vulnerabilidad. Avasallaron y constriñeron a personas aisladas o grandes grupos de población y se sintieron omnipotentes desde sus posiciones de poder.

Se desempeñaron como potestades locales o como cabecillas de huestes invasoras que doblegaron a sus víctimas inermes con sevicia. Fueron causantes de genocidios, de muertes físicas y devastación, de torturas, intimidación y desplazamiento o exilio forzado.

Fueron temidos y recibieron el culto que les rindieron sus sirvientes y oprimidos a sus personalidades perturbadas y a sus reinos efímeros.

Como niños torpes que no pueden prever el daño que puede causarles el filo del cuchillo con que juegan, esos personajes abyectos creyeron que su mando y su prominencia serían eternos e invencibles.

El ímpetu arrollador de la existencia y la reacción equilibradora de los seres vivos que decidieron cambiar el curso de los acontecimientos los fueron abatiendo progresivamente.

Quedaron sus historias, magnificadas o insuficientes, para describir su trivial grandeza y sus fechorías.

(Alguno de estos especímenes acudió al fanatismo nacionalista y a la supuesta superioridad de un grupo racial para instigar una imaginaria e imposible conquista del mundo. Su eslogan hostigaba a sus conciudadanos a creer que su nación era “la más grande”, lo que fue sólo una frase más de todas sus arengas para arrastrar a sus paisanos hacia la más terrible campaña homicida mundial y luego hacia la  derrota más aleccionadora en el expediente de las guerras).
Sin embargo, parece que estos brutales personajes hubieran tenido la tarea de promover grandes transformaciones humanas sacudiendo las mentes y obligando a las colectividades a integrarse bajo ideales promotores de respeto, mutualismo y convivencia pacífica, pagando por ello con el costo de millones de vidas inmoladas.

Una vez pasada la furia de la tormenta, los sobrevivientes reconstruyen sus moradas y modifican sus acciones, sus relaciones y su comprensión de los fenómenos experimentados.

La vida promueve sus revoluciones y sus cambios imperativos a pesar de los caprichos de las mentes individualistas y superando siempre los obstáculos de los violentos  y de los idiotas*.  La “justicia poética”3 termina por imponerse a medida que la historia avanza y los personajes siniestros con sus crónicas, verosímiles o expandidas por la posteridad, quedan retratados inevitablemente como villanos en la galería del pasado.

Hugo Betancur (Colombia)
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*Idiota es un adjetivo que proviene del griego διώτης, idiōtēs, de διος, idios -significaba “lo privado, lo particular, lo personal”-.

1 DRAE: “Rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad”.
2 DRAE: “Del lat. idiōma, y este del gr. δίωμα, propiedad privada. Lengua de un pueblo o nación, o común a varios).


3Thomas Rymer ideó la expresión “poetic justice” en su ensayo “The tragedies of the last age considered” (1678), para sugerir cómo una obra literaria debería inspirar el comportamiento ético ejemplarizando el triunfo del bien sobre el mal. 

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